Slavoj Zizek (1949) es un filósofo, sociólogo, psicoanalista y académico esloveno.
Su teoría se ha basado en el estudio crítico del pensamiento de Lacan, Marx y Hegel y su trabajo se ha destacado por ejemplificar la teoría con elementos extraídos de la cultura popular.
“El profesor esloveno tiene un discurso adictivo donde se mezclan política, psicoanálisis, lucha de clases, taquillazos de Hollywood y algún chiste grueso”, dijo de él el diario El País1.
Algunos de sus libros:
“El Sublime Objeto de la Ideología”,
“Todo lo que Ud. siempre quiso saber sobre Lacan y nunca se atrevió a preguntar a Hitchcock” (aludiendo evidentemente a Woody Allen),
“El Goce como un Factor Político”,
“Reflexiones sobre el Multiculturalismo” y
“Quién dijo Totalitarismo”.
En 1990, fue candidato a la presidencia por la República de Eslovenia.
Durante el año pasado, participó del movimiento Occupy Wall Street.
En este protocolo de lectura, se intentará interpretar y orientar sobre las principales ideas esbozadas por Zizek en “En contra de los derechos humanos”, publicado en New Left Review, en su edición julioagosto de 2005. Partimos de la base de que los Derechos Humanos son un concepto en disputa y Zizek toma partido en esta batalla. Su premisa: los Derechos Humanos, por la manera en que son practicados, en vez de levantarse como una defensa a la humanidad, son utilizados como “coartada para intervenciones militares, sacralización para la tiranía del mercado y fundamento ideológico para el fundamentalismo de lo políticamente correcto”2. Ante esta contradicción, Zizek se pregunta: “¿puede la “ficción simbólica” de los derechos humanos recuperarse para la politización progresiva de las actuales relaciones socioeconómicas? ”3. Para responder esa pregunta o argumentar su proposición, Zizek plantea tres supuestos sobre los que se configuran los derechos humanos en nuestras sociedades capitalistas, supuestos que luego se encargará de desnudar como “estafas”: a) los DDHH nos salvan del fundamentalismo, b) los DDHH descansan y avalan nuestra libertad de elección y nuestro derecho a perseguir el goce y c) los DDHH nos defienden de los excesos de poder. Revisemos lo que se esconde detrás de estas ideas. a) DDHH en oposición al fundamentalismo. “El mal, por parafrasear a Hegel, reside con frecuencia en la mirada que lo percibe”4 dice Zizek para relativizar la “satanización” etnocentrista que occidente ha descargado sobre los musulmanes o los turcos, haciéndolos parecer salvajes, retrasados y bárbaros -en comparación con Europa o el primer mundo- y que se ha venido construyendo hace un par de siglos, lo que constata con la frase “los turcos no fuerzan a nadie a vivir como turcos”5, que data del siglo XVI. Zizek explica que todo aquello que espanta a los europeos no es más que un modo de vida que ellos mismos contribuyeron a construir. A la vez, todo aquello que el viejo continente mira con escándalo (matanzas, expulsión de tribus) son “pecados” de los que no está libre, ya que la historia da cuenta de Europa también ha
1 Leonore, V. (2011, abril). “Slavoj iek: El filósofo de la anarquía”. El País. Obtenido el 31 de mayo de 2012 en http://elpais.com/diario/2011/04/01/tentaciones/1301682172_850215.html 2 Zizek, S. (2011, diciembre) “En contra de los derechos humanos”. Suma de Negocios. N°2. pp 115-127. 3 Íbid. 4 Íbid. 5 Íbid.
cometido estas “acciones/errores” (España expulsando a los moros, cristianos y judíos). Así que, citando el viejo adagio, “el que esté libre de pecado que lance la primera piedra”. Por eso, Zizek acota “a manera de un impecable ejemplo de la “determinación reflexiva” de Hegel, aquello que los europeos occidentales observan y deploran en los Balcanes es lo que ellos mismos introdujeron allí”6. Dicho en fácil: Europa no tiene moral para criticar el “fundamentalismo salvaje” del islam, las sociedades capitalistas occidentales en general, ya que “la internalización “fundamentalista” de rasgos contingentes es en sí misma una faceta de la democracia liberal capitalista”7. Con esto, Zizek juega a relativizar el carácter protector de los derechos humanos ante el fundamentalismo puesto que las sociedades democráticas-liberales-capitalistas, que levantan el estandarte de los DDHH, resultan tan o más fundamentalistas que las sociedades que critican. b) Los DDHH descansan en nuestra libertad de elección y en nuestro derecho a perseguir el goce. Primero, Zizek se esmera en abrir nuestros ojos y hacernos notar que la libertad de elección es una ilusión. Ejemplifica esto con la costumbre Amish de exponer a los jóvenes al mundano capitalismo y hacerlos escoger entre la recatada vida Amish y la descontrolada vida del placer y el consumo. Los jovencitos Amish siempre vuelven al nido original. Otro ejemplo: las mujeres musulmanas que “deciden” utilizar el velo, lo que no es realmente una iniciativa propia, sino que es una meta-elección, una decisión a partir de una paleta de ofertas preestablecidas, propuestas sin nuestra deliberación. Más casos: durante el gobierno de Clinton “la camarilla médica (…) logró convencer al público de que la idea del servicio universal de asistencia médica en salud podría atentar contra la libre elección en este ámbito”8. Una falacia similar a la pronunciada en Chile el año 2011. Ante la demanda de educación pública desarancelada, el oficialismo se encargó de esparcir el mito de que una educación gratuita para todos (un beneficio general) atentaría contra los derechos de los más pobres (beneficio particular), ya que estos últimos financiarían la educación de los más ricos9. Otra metaelección del gobierno de Piñera: plantear como solución a las demandas estudiantiles la ampliación de acceso al crédito (libertad de consumo), para que cada joven goce de la libertad de escoger en qué universidad endeudarse de por vida. Algo que Zizek describe muy bien: “la ideología dominante se empeña en vendernos, cual si fuesen la oportunidad de nuevas libertades, las propias incertidumbres resultantes del desmantelamiento del Estado de bienestar”10. Nuevamente, el argumento ha sido volteado: ¿qué libertad de elección defienden los DDHH si ésta es limitada e ilusoria o juega, evidentemente, a defender y a no permitirnos mirar/escoger más allá de la lógica neoliberal? Nuestras decisiones jamás extrapolarán el campo de acción del modelo. Aquello que deseamos hemos sido educados para desearlo. Lo que nos lleva al siguiente punto.
6 7 8 9 Íbid. Íbid. Íbid. “Presidente Piñera reafirma que Chile no está posibilitado para entregar educación gratuita”. (Octubre de 2011). La Tercera. http://latercera.com/noticia/politica/2011/10/674-396252-9-presidente-pinera-reafirma-que-chile-no-estaposibilitado-para-entregar.shtml 10 Zizek, S. (2011, diciembre) “En contra de los derechos humanos”. Suma de Negocios. N°2. pp 115-127.
b) DDHH y goce. Utilizando como base el argumento de la exhibición del cuerpo femenino o su erotización, Zizek explica: “para Occidente, el derecho de las mujeres a mostrarse de modo provocativo al deseo masculino ha sido legitimado como su derecho de disfrutar a voluntad de sus cuerpos. Para el Islam, el control de la sexualidad femenina se ha legitimado como la defensa de la dignidad de la mujer, para evitar que sean reducidas a objetos de explotación masculina”11. Con eso tenemos las dos caras de la moneda: la satanizada vida musulmana y la bendita vida occidental (como hemos entendido en los marcos de este ensayo). Zizek apunta que ese derecho de goce de los cuerpos (o mi libertad a vivir mi sexualidad como quiera) es, finalmente, entendido como tolerancia al otro, siempre y cuando se respete cierta distancia, sin caer en hostigamientos. Algo así como los lugares comunes “mientras yo y los míos estemos bien” o “mientras no me afecte a mí”. Esta lógica, dice Zizek, es aplicable al militarismo humanitario y pacifista. “Los derechos humanos son pasables si se los “reconsidera” a fin de incorporar a ellos la tortura y un estado de emergencia permanente. La democracia está bien si se la limpia de sus excesos populistas y se limita su ejercicio a aquellos lo suficiente maduros para practicarla”12. Es decir, que todo funcione mientras conserve límites, mientras juegue dentro de una manera “correcta” y preestablecida de hacer las cosas, es decir, que no escape al modelo de democracia liberal de occidente. En resumen, para que la libertad sea realmente libertad no puede ser totalmente libre. Es una democracia que se cuida y se protege a sí misma, inmunizada, como diría Alain Brossat13. Luego, Zizek juega a explicarnos la paradoja del goce. Hay algunos “fundamentalismos” que llaman a la renuncia del placer -“¡basta ya de decadente auto indulgencia! ¡Renunciad y purificaos!”14- los que implican en sí mismos un placer, explica Zizek, toda vez que vivir el placer abiertamente conlleva sacrificios. “En el primer caso, los placeres son mi deber, y la aspiración “patológica” al placer se encuentra situada en el ámbito formal de la obligatoriedad. En el segundo, el deber es mi placer y cumplir mi deber se halla localizado en la esfera formal de las satisfacciones “patológicas”15. Es decir, esa búsqueda del placer termina siendo una ideología superior por la que hay que realizar sacrificios. Una vez más, el argumento es volteado. ¿Qué libertad de goce es aquella defendida por los DDHH que trae amarrada la obligatoriedad y el fundamentalismo del placer? c) DDHH como guardianes de los excesos de poder. Zizek comienza describiendo la configuración del poder contemporáneo, que no necesariamente recae en un único grupo social, a la vez que un líder -ejemplificado en Bonaparte, probablemente Perón para un caso Latinoamericano- puede jugar hábilmente a representar a distintos grupos sociales. No obstante, explica Zizek, el líder ha de permanecer por encima de las clases, jugando a representarlas a todas en general y a una en particular (Perón gobernaba para beneficio
11 12 13 14 15 Íbid. Íbid. Brossat, A. (2008). La democracia inmunitaria. Chile, Palinodia. Zizek, S. (2011, diciembre) “En contra de los derechos humanos”. Suma de Negocios. N°2. pp 115-127. Íbid.
de sus queridos “descamisados”). “Pese al juego de representación, el líder se encuentra sobre las clases y no les debe subvención real: “Las leyes no me atan realmente, puedo hacer lo que me plazca (…)”. Este exceso obsceno es un componente necesario del concepto de soberanía”16. Con esto planteado, Zizek salta al siguiente punto: las teorizaciones sobre las experiencias terroríficas del siglo XX. Para él, hay tres teorizaciones principales, en la que la tercera se basa en lo desarrollado por Etienne Balibar, quien -junto con otros- supone que la modernidad ha abierto un espacio de nuevas libertades y a la vez de nuevos peligros. Ideas clave que se desprenden del extracto: uso de la fuerza como instrumento político, violencia como disputa del poder político, no existe poder sin violencia, la esfera política implica necesariamente algún tipo de violencia. A partir de estos enunciados, Zizek plantea que “en la sociedad humana, la política es el principio estructural general, de modo tal que cada intento por neutralizar algún contenido parcial como apolítico constituye un gesto político par excellence”17. Por lo tanto, plantear a los DDHH como defensores del exceso de poder y simular que esta tarea es “apolítica”, neutral o “independiente” es cándido o hipócrita, puesto que las intervenciones humanitarias -por más que lleven el estandarte de los derechos- implican posiciones o declives políticos. Parafraseando a Gramsci, la ideología nunca es más campante que cuando se la declara ausente. Así, Zizek nos llama a problematizar “la política aparentemente despolitizada de los derechos humanos y plantearla como la ideología del intervencionismo militar que sirve finalidades político-económicas”18. Es decir, no jugar a la asepsia, sino evidenciar los síntomas ideológicos de este juego “benefactor” de los derechos humanos. Como sucedió en Chile durante el 2011 y el movimiento estudiantil, el gobierno tildó a los estudiantes de “ideologizados”19, como si ellos, como clase política, como militantes de un partido político, no poseyeran una ideología también. Como si el conflicto educación de mercado vs. educación pública no fuera un conflicto entre posiciones políticas. Volviendo a los derechos humanos, Zizek afirma que estos “constituyen una universalidad ideológica falsa que enmascara y legitima una política concreta del imperialismo, las intervenciones militares y el neocolonialismo de Occidente”20. ¿Derechos humanos como defensa del poder? ¿No será más honesto plantear a los DDHH como los conocemos como un instrumento político, como funcionales al poder y violencia del neoliberalismo del primer mundo? d) El retorno de la universalidad. Tras desnudar, desde la mirada de Zizek, las trampas que enaltecen a los derechos humanos, el autor lleva el debate a aspectos teóricos, en el juego de lo particularuniversal, donde uno de los tantos componentes que conforman el grupo “hombres acogidos por los derechos humanos”, finalmente totaliza a los demás (Mouffe)21: varón-blanco-propietario. Luego, dice Zizek, no basta con reconocer esta idea, sino que hay que desviar la mirada hacia la aparición de la universalidad en sí
16 17 18 19 Íbid. Íbid. Íbid. Pinilla, C. (2011, octubre). “Chadwick: “La Confech ha sido tomada por los grupos más ultra, intransigentes e ideologizados”. Emol. Obtenido el 31 de mayo de 2012 en http://bit.ly/L7kYqY 20 Zizek, S. (2011, diciembre) “En contra de los derechos humanos”. Suma de Negocios. N°2. pp 115-127. 21 Laclau, E. y Mouffe, C. (2000). El reverso de la diferencia. Identidad y política. Venezuela, Nueva Sociedad.
misma, como abstracción que no tiene su reverso en realidad y que impide a los individuos edificarse en un lugar concreto de la sociedad (Marx). Como complemento, Zizek parafrasea Rancière, quien hace una lectura distinta respecto de la relación teoría-materialidad. Para Rancière, “en el sentido más subversivo de una tensión en la cual la “apariencia” de égaliberté no es “mera apariencia” sino una ficción simbólica que, como tal, posee una eficacia propia que le permite movilizar la rearticulación de relaciones socioeconómicas reales a través de su “politización” gradual”22. Es decir, no es menos importante cuál es la carga que tenga achacado el concepto “derechos humanos”, ya que esa carga se traduce en práctica política cotidiana. Para complementar, Zizek suma a Lévi-Strauss, con su concepto de “eficiencia simbólica”: “la apariencia de égaliberté es una ficción simbólica que posee, como tal, una eficiencia real propia”23. Con esto, Zizek quiere advertirnos que hacer el ejercicio de criticar los derechos humanos como una ilusión que contrasta con una realidad distinta, es decir que no tiene un reverso “tangible” en la práctica diaria, es una cínica tentación. Por eso, propone la apropiación subversiva de los súbditos de algo que originalmente fue la estructura ideológica impuesta por “colonizadores”, con ejemplos como el caso mexicano de la Virgen de Guadalupe. Es decir, nos llama a secuestrar la ficción simbólica de los derechos humanos, a apropiárnosla subversivamente. Para avanzar en ello, Zizek vuelve a Rancière, ya que -según dice- el filósofo francés ha planteado “una muy elegante solución a la antinomia entre derechos humanos que pertenecen al “hombre como tal” y la politización de los ciudadanos”24 y explica que los derechos humanos no pueden presentarse como algo ahistórico y ajeno a la contingencia de las luchas políticas, pero tampoco especificarlos con momentos históricos o luchas particulares. No hemos de pensarlos como algo preexistente, sino señalando “el ámbito preciso de la politización propiamente dicha” 25. Es decir, convirtiéndose en un universal que contenga a particulares reivindicativos. Sin embargo, planteada la salida aparece la paradoja: “en el preciso momento en que intentamos concebir los derechos políticos de los ciudadanos sin referencia alguna a los derechos humanos universales “meta-políticos”, perdemos la política en sí misma, es decir, la reducimos al juego “pos-político” de negociación de intereses particulares”26. Y en vez de dominar el referente hombreblanco-hetero-propietario, entran a predominar los antes exlcuídos, universalizando y “eclipsando” al resto de los particulares contenidos bajo la etiqueta derechos humanos. Como cierre, volvemos a la pregunta inicial: “¿puede la “ficción simbólica” de los derechos humanos recuperarse para la politización progresiva de las actuales relaciones socioeconómicas? ”. Sí, puede, pero cayendo en la triste paradoja de, al tiempo de rescatar a unos opacados, quitar visibilidad a otros.
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Zizek, S. (2011, diciembre) “En contra de los derechos humanos”. Suma de Negocios. N°2. pp 115-127. Íbid. Las cursivas son mías. Íbid. Íbid. Íbid.
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